viernes, 31 de julio de 2009

...el hombre de la baraja de la derrota

Cuentan las leyendas que en el viejo Oeste, había un hombre que provocaba temor allá por donde fuese. Cuentan también que el hombre viajó a la luna, pero esa...esa es otra historia.

La leyenda dice tal que así:

Había un hombre en el viejo oeste, de aspecto rudo que iba de pueblo en pueblo, de bar en bar, y allá a donde fuese, siempre estaba con su baraja de cartas. Vestía elegante, con sombrero y botas vaqueras con espuelas, con chaqueta y pajarita, y tenía un bigote muy bien perfilado. Era alto y dejaba entrever que tenía dos revólver Colt Peacemaker 45. Era muy rápido con las manos jugando a la baraja, lo que podía dejar adivinar que también lo fuese con esos revólver. Podría parecerse a este personaje.

Una vez que visitaba un nuevo pueblo, iba directo a su bar, dejaba el caballo con las riendas atadas a un poste, y entraba abriendo las puertas de par en par. Pedía un aguardiente doble, ojeaba a todas las personas que estaban en el bar sentadas en las mesas, se bebía su aguardiente de trago, e iba a por aquella persona que decidiese para jugar a las cartas. Normalemente la persona con peor aspecto de todo el bar. Nunca se le resistía nadie para jugar. Pedía que se jugase con su baraja, a lo que todos accedían. Nuestro protagonista barajaba muy rápido, siempre empezaba ganando, y terminaba también por ganar. Tras la partida, nuestro protagonista se iba del pueblo en busca de otra persona a quien ganar.

Hasta aquí nada extraño, pero...se rumorea que, a todas aquellas personas que nuestro protagonista ganaba a las cartas, a los doce días morían por extrañas razones sádicas y sangrientas. Siempre amanecía al decimosegundo día lleno de moratones, heridas por arma blanca, borracho ya que así lo decía la autopsia, y lo más sádico... sin el corazón, arrancado con artesanas habilidades.

Al principio nadie sabía de nuestro protagonista entre los pueblos, pero poco a poco se fue extendiendo su fama. Aún así, había gente que seguía jugando con él en los pueblos cercanos al último asesinato. Creían que le ganarían, pero nunca era así. A los doce días, amanecían muertos de esa forma anteriormente comentada. Y nuestro protagonista seguía su curso.

Tras hacer aparición en todos los pueblos de la zona, y tras decenas de muertes que siempre coincidían con su reciente llegada al pueblo, el sheriff de la capital le detuvo en una emboscada. No hubo resistencia y le encarcelaron. Confesó todos los crímenes, y también explicó por qué lo hacía.

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De pequeño, mi padre que era médico me regaló una baraja de cartas y me enseñó a jugar. Es la misma baraja con la que juego ahora. Un día por la noche, entraron a mi casa doce bandidos a robarnos. Yo me escondí en un armario mientras mis padres mostraron resistencia. Hubo una larga lucha con las manos, pero uno de los malvados delincuentes usó su pistola para matar a mi madre. Y apresaron a mi padre para que les dijese donde escondían el dinero. Yo, lleno de ira no sabía que hacer. De repente me dí cuenta que en el armario donde me había escondido, había dos revólver Colt Peacemaker 45. Los cogí, salí del armario gritando por odio, y empecé a tirar del gatillo. Uno de los dos revólver no estaba cargado, pero el otro sí. Maté a 6 delincuentes. El resto huyó.

Mi padre sobrevivió, pero lo pasó muy mal por la muerte de mi madre, de hecho creo que se volvió loco...loco por ira.

Seguimos viviendo, pero mi padre cada día se interesaba más por enseñarme el uso de los intrumentos quirúrgicos, practicando con cerdos.

Mi padre, entró en una locura extrema, de la que me hacía partícipe, a lo que yo creo que también me volví loco. Al cabo del tiempo, un día me dijo que me había enseñado muchas cosas a lo largo de la vida, pero que ya hora que usase esas técnicas que me enseñó. Tenía que vengar a mi madre, e ir pueblo por pueblo a ser igual de despiadado que aquellos bandidos que la mataron. Pero que fuese sigiloso para lograr matar a todos los que peor calaña tuviesen en los pueblos, sin que los sheriff se diesen cuenta. Para que así, ninguna familia sufriese lo que nosotros sufrimos.

Por eso me inventé esta forma de actuar. Mi locura provocada por mi padre, me hizo hacer esas atrocidades.

  • Lo de los corazones era para que mi padre se sintiese orgulloso de haberme enseñado el uso de los instrumentos quirúrgicos. Mi padre se los comía. AS DE CORAZONES.
  • Lo de emborrachar a mis presas, era para que se desmayasen y no gritasen para dar aviso. AS DE COPAS.
  • Lo de los cortes con arma blanca y los moratones, era por la ira que tenía contenida durante tanto tiempo, se lo hacía después de desmayados. AS DE BASTOS Y DE ESPADAS.

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Pero...¿por qué baraja de la derrota? Porque en el momento en que los bandidos entraron a su casa, fue justo en el momento en que vivió su primera y única derrota de su vida jugando a las cartas. Le ganó su madre.

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3 comentarios:

Menda dijo...

Jjajajjaa, es que las madres saben mucho( glub). Un saludo.

Cote dijo...

Un brindis por las madres que enseñan a sus hijos a jugar a las cartas y además les ganan. Bueno, y donde pone cartas, poner parchís.

Bagarator dijo...

Un título cojonudo para una gran historia de vaqueros, me he fijado que la baraja es española, asi que seguro que se trata de un espagueti western.