martes, 8 de septiembre de 2009

...mi vecino del pueblo (II)

Vengo de mis vacaciones en el pueblo. Y tal y como adelanté, me metí en la casa de mi vecino para resolver el misterio que allí se escondía desde hace años. Lo que voy a contar en las siguientes líneas está basado en hechos reales. Si alguna persona sufre del corazón, por favor que no siga leyendo. Si alguna persona especializada en estos temas le interesa, póngase en contacto conmigo dejando un comentario. Comenzaré.

Mis padres y yo llegamos al pueblo no sin miedo, pues tras las experiencias que hemos tenido allí era lo normal. Bajamos del coche, y el vecino ahí estaba, mirándonos como siempre desde su ventana con su cara de enfado. Él nos saludó, y nosotros le devolvimos el saludo, tras lo cual nos metimos en casa, como siempre, con una ligera sensación extraña que nos hacía preguntar, cómo era posible eso. Al cabo del rato, salí de casa para jugar con la pelota, y ahí estaba. Volvió a reincidir en la acción de saludarme, y yo volví a devolvérselo. Estuve toda la tarde jugando delante de su casa, y siendo consciente que durante todo el rato, ahí estaba él. Mirándome.

Estuve unos días realizando las mismas acciones. Desayunar e ir a jugar a la calle. Comer e ir a jugar a la calle. Cenar y dormir. Y en los momentos de jugar en la calle, mi vecino ahí estaba, esperando mi saludo, el cual siempre llegaba. Mientras yo jugaba, pensaba en la forma de entrar en su casa, y en el mejor momento para hacerlo. A mis padres no les dije nada. De una cosa que me dí cuenta, es que, por las noches el vecino no estaba en la ventana observando.

El último sábado de vacaciones en el pueblo era el día indicado para introducirme en su casa, ya que mis padres se iban a las fiestas de un pueblo cercano. El momento oportuno sería la noche, para que el vecino no me viese entrar.

Llegado el día y el momento me equipé con una mochila repleta de linternas, pilas, cámaras de fotos y vídeos, teléfonos y un bate. Y sobre todo de valor. Mucho valor.

Salí de casa, era de noche con una luna en cuarto mengüante muy bonita. Un cielo raso la acompañaba. Me fijé que el vecino no estuviese en la ventana observando, y así era. Pero su ausencia me inquietaba, pues ... ¿Dónde estaría?

Acompañado de clips, horquillas y una destreza con las manos excelente, conseguí abrir la puerta sin ruido. Encendí la linterna nada más entrar, y me dí cuenta de que esa casa era realmente antigua. Estaba muy deteriorada y el olor a cerrado se hacía por momentos insoportable. Antes de dar un paso adelante, me aseguraba que no quedaba ningún hueco sin haber sido iluminado con la linterna. No quería llevarme más sobresaltos de los que por seguro me llevaría. La casa tenía tres pisos. Quería ir piso por piso, asegurándome que no me dejaba nada atrás sin ver.

Todo tenía un aspecto grotesco, casi dantesco a la luz de la linterna. Algo que me causó una extraña sensación fue ver la silla desde la cual el viejo señor se sentaba y me miraba todas las tardes jugar. Asomé la cara por la ventana y todo era oscuridad en el pueblo, a excepción de una ventana en la que se veía luz. Era la casa de mi vecina Adela. Nada extraño. Esa mujer vive más de noche que de día. Estaría viendo la tele. Todo iba bien.

Tras una inspección en el primer piso no me encontré con nada extraño. Una cocina con humedades, y con claros síntomas de no haber sido utilizada en años. Un baño bastante mugriento y maloliente por culpa de las cañerías. Y un salón de estar donde se encontraba la silla desde la cual el viejo hombre me observaba todas las tardes, armarios con sábanas y alguna silla caída al suelo. Me dispuse a subir los peldaños de la escalera para subir al segundo piso, iluminándolo conforme iba subiendo. No se veía ningún rastro de luz. Los escalones hacían un ruido, que aunque normal por la antigüedad, no dejaba de aumentar mi estado de nerviosismo. Recordemos, que estaba visitando la casa de unos espectros, con los que ya tuve una experiencia muy desagradable. Cuando estaba terminando de subir la escalera, me fijé que había encendida una luz en el piso de abajo, que por su forma de iluminar, supe que era una luz de vela. Ese piso lo había inspeccionado centímetro a centímetro. No encontré nada ni a nadie. La luz de la vela se acercaba a las escaleras. No quería que me encontrase nadie allí. Fuese lo que fuese, me provocó un escalofrio de abajo a arriba por mi cuerpo. Terminé de subir las escaleras y me escondí en una habitación que estaba con la puerta abierta. Apagué la luz de la linterna, y me dispuse a ver lo que iba a pasar.

La luz de la vela iba subiendo por las escaleras, pero el ruido que yo provoqué al subirlas, no se escuchaba. Me encontraba en un aprieto, y en una habitación que no había iluminado previamente para sentirme seguro. Mientras la luz de la vela subía, algo se movió en la habitación en la que me encontraba. Encendí la luz de la linterna y...

4 comentarios:

Menda. dijo...

Coñe! No nos dejes así, hombre.....manía de hacernos sufrir hasta lo indecible.

Por cierto, vale lo del aprovisionamiento logístico de tu mochila, pero hay algo que me sorprende mucho: 'Acompañado de clips, horquillas y una destreza con las manos excelente, conseguí abrir la puerta sin ruido'........... Ay, pequeño Houdini......

Cote dijo...

Bueno, hay que tener cualidades para todo. Mis padres, de pequeño, me regalaron el RobaNova y el LadronCefa. Una persona se hace con los juegos que te regalan de pequeño. Aunque....recuerdo que me regalaban pelotas de futbol y ahora no se me da del todo bien...buah, pero eso es otra historia y no tiene nada que ver. El hecho de que no salga en los partidos televisados no significa que... Sí, joder, soy malo.

S. dijo...

ainss termina termina
Menos mal que ando con la luz encendida

Tani dijo...

jajajaja, aaayyyy que forma de dejar a uno en suspenso, lo bueno es que yo leo cuando ya están escritas las continuaciones... a lo q sigue