viernes, 9 de octubre de 2009

...entrada 100

Mi más sincera enhorabuena a mí por el hecho de realizar la friolera de 100 entradas. No todos los blogs tienen 100 entradas, y menos los que tienen menos de 100. Por ello hoy estoy de celebración, aunque más que yo, mi blog, míralo como se divierte, míralo. Ahí saltando y bailando el jodío.

Quiero dedicar esta entrada 100 a todos aquellos que me leen y que me comentan. Que sé que no son muchos, pero no por ello son menos valiosos. Así que pongámonos a bailar todos juntos alrededor del blog que tiene una fiesta que no para.

¿Y qué mejor manera para celebrar la entrada 100 que hablar de taxistas?

*Texto dramatizado.

Soy taxista, y en mi trabajo me dedico a llevar a gente de aquí a allí con mi coche. Llevo muchos años y en cada uno de ellos he aprendido algo de mi profesión. A fecha de hoy en mi tarifa tengo incluido lo siguiente:

  • Cobrar 3 euros mínimo porque me da la gana.
  • Hechar gritos por doquier a cualquier coche que haga un mínimo gesto de adelantamiento. A cualquier policía que realice labores similares a los semáforos, a saber, si está verde deja pasar, si está rojo no deja pasar. A cualquier persona de entidad pública que haya salido en cualquier conversación que por supuesto deberá comenzar el cliente.
  • Mirar por el retrovisor interno a los escotes de las chicas, y si llevan minifaldas, a sus piernas. Y por supuesto tengo sueños lascivos con ellas.
  • Ir más rápido cuando puedo, poniendo en peligro a los pasajeros, para que así, al influir la velocidad en el taxímetro, pueda cobrar más y tomarme una caña más en el bar Pepe.
  • Dar más vuelta de lo establecido para ir desde el orígen hasta el destino, para que así, al influir el kilometraje en el taxímetro, pueda cobrar más y tomarme una de gambas en el bar Luis.
  • Arrancar más tarde en los semáforos, para que así, al influir el tiempo en el taxímetro, pueda cobrar más y llevarle caprichos inútiles e innecesarios a mi familia, y si sobra algo, tomarme un vino en el bar Alfredo.
  • Timar al cliente turista, ya que, aunque en el taxímetro aparezca 11.57 euros a cobrar, le digo que son 15 por mi sonrisa bonita. Que bonita un rato es la jodía.
  • Dejar sentarse a la gente en mis asientos de cuero. Eso es muestra de mi generosidad, ya que tranquilamente podría indicarles, amablemente eso sí, que se sentasen en el maletero.
  • Y gritar más. Mucho más que cualquier otro taxista. En el premio internacional de gritos de taxistas me llevé el segundo premio, así que ha de quedar demostrado.
  • Cuando el viaje ha acabado, meter prisa al cliente para que salga y me pague. Sin importarme las normas de civilización y educación no escritas.

2 comentarios:

Menda. dijo...

Se te ha olvidado la puñetera costumbre de algunos taxistas (y hablo con conocimiento de causa) de fumar en su vehículo 'porque me sale de los cojones'.... Y si les pides con suma cortesía que por favor no lo hagan, lo arrojan por la ventanilla maldiciéndote internamente......

Por otro lado, muchas felicidades por esas cien entradas.Me siento honrada por la mención hacia tus comentaristas ,dentro de los cuales me cuento. Siempre es un placer venir a diseccionar tus letras.

S. dijo...

Felicidades!!!!lallalalalala a a sé que llego tarde pero nuca si la dicha es buena!
Los taxistas adelantan y se meten por todos lados y eso que tienen un carril exclusivo para ellos,los muy mamones.