lunes, 30 de noviembre de 2009

...trámites

  • Cote: Hola buenas, disculpe, ¿ya no es aquí donde hacen los trámites para que te den una buena hostia merecida?
  • Funcionaria 1: ¡NO!!!!!! ¡Hace tiempo que no está aquí!
  • Cote: ¿? ¿Cuánto tiempo? ¿Y dónde está situada ahora la delegación donde hacen los trámites?
  • Funcionaria 1: ¡MUCHO TIEMPO!!!! ¡Dos meses! ¡Ahora está en el edificio Stroholm!
  • Cote: Ala, ¿dos meses? si que es tiempo si, si suponemos que la vida media de una persona son tres meses claro. Gracias por su amabilidad, su educación y su buen hacer. Que tenga un buen día.
  • Funcionaria 1: ¡ADIOS!!!!!

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  • Cote: Hola, buenos días, ¿es aquí dónde...?
  • Funcionario 2: Sí, aquí es todo, todo ¿por qué? Todo es aquí. Todos vienen a mí, todos. Todo. Todo lo que tengas que hacer se hace aquí, todo, si tienes que hacer un hijo ventanilla 2, si tienes que tramitar un inyección de penicilina piso 4 puerta 14 ventanilla 119, si tienes que pedir una autorización para que el Gobierno te permita escribir por ordenador ventanilla 9, si tienes que solicitar una buena hostia merecida puerta 7 ventanilla 5, si tienes que...
  • Cote: Gracias, gracias, es lo que necesitaba... y relájese por Dios, parece un poco quemado.
  • Funcionario 2: ¿por qué lo dices? ¿por qué? Da igual no contestes, no tengo tiempo, nada de tiempo, siguiente por favor, siguiente, venga venga, va.

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  • Cote: A las buenas, ¿es aquí dónde hay que tramitar para una buena hostia merecida?
  • Funcionaria 3: Sí. ¿Trae el impreso A8 debídamente cumplimentado?
  • Cote: Sí, claro, ya lo solicité en el año 1995 y me lo enviaron por correo en agosto de este mismo año 2009, y durante estos cuatro meses he estado rellenándolo a 19 hojas por día ininterrumpidamente. Así que aquí se lo traigo.
  • Funcionaria 3: Mmmmm, a ver a ver, no me fío.... Aha, el mismo fallo de todos los jóvenes... En la hoja 489, usted no ha indicado el número de hijos que tiene.
  • Cote: Es que no tengo ningún hijo.
  • Funcionaria 3: Pues debería haber puesto cero.
  • Cote: De acuerdo, ahora mismo con este boli que me traigo le pongo un cero.
  • Funcionaria 3: No no no no y no. Se lo lleva a casa, lo rellena debídamente y lo trae de vuelta otro día.
  • Cote: De acuerdo, pero podría seguir mirando si tengo algun error más.
  • Funcionaria 3: Otro día, que ahora tengo que atender a más gente de la fila.
  • Cote: .... Pero si sólo estoy yo. No hay nadie más.
  • Funcionaria 3: ¿Seguro? Mire otra vez, mire.
  • Cote: ... Que no hay nadie más... ¿Oiga? ¿Pero dónde se ha metido? Pero será capaz de haberse escondido para no trabajar? En fín, me voy, otro día vendré.

Total que me he ido sin la hostia merecida. Si las hostias que no nos merecemos tardasen tanto en llegar como las que nos merecemos, el mundo sería diferente.

martes, 24 de noviembre de 2009

...cascos azules

Las Fuerzas de la Paz de las Naciones Unidas son un cuerpo de militares conocidos popularmente como los "cascos azules" por el color de los mismos.

Yo soy un cuerpo humano conocido muy poco como el "casco azul" por el color del mismo.

Os propongo dos juegos.

1.Averigüa qué foto hace referencia a las Fuerzas de la Paz de las Naciones Unidas y qué foto me hace referencia a mí.

2. Encuentra las 863 diferencias entre las dos imágenes.






lunes, 23 de noviembre de 2009

...la última vez

Cuando eres un pequeñajo te marcan muchos acontecimientos y los recuerdas toda tu vida. Sea porque es más fácil aprender, o sea porque los hechos que te suceden te influencian más, todo lo habido en los primeros años de tu vida están presentes en tu mente a día de hoy.

Los juegos que te entretienen de pequeño, las series de dibujos que ves, las películas que echan en televisión, en definitiva, la sucesión de pequeños acontecimientos que se convierten en una rutina agradable y que te hacen crecer.

Pero llega un día que, sin darte cuenta, has crecido y ya no haces eso que tanto te gustaba, eso que para tí era una forma de vida. Ya no juegas con los playmobil, ni con los cochecitos, ni ves esa serie dibujos animados, ni juegas al escondite...

¿Cuándo fue la última vez que hiciste cada una de esas cosas? Porque hubo una vez, y en el momento en el que lo vivías no eras consciente de que iba a ser la última. ¿Cuándo fue la última vez que jugaste a las canicas? ¿y la última que viste aquella película que tenías grabada en VHS que tantas veces veías y que tanto te gustaba?

No somos conscientes de la última vez que hacemos algo de pequeños, ni somos conscientes ahora de qué ocasión va a ser la última que hagamos cualquier acto habitual. Ya sea porque nos quitamos la costumbre, porque cambiamos de aires, o porque ya decimos adios a esta vida, nunca somos conscientes de cuando va a ser la última vez que comemos sopa de nuestras madres, que le damos un beso a nuestros padres, que le decimos algo a nuestros amigos, o que le damos una caricia a nuestras parejas. Nunca somos conscientes de cuando va a ser la última vez que vas a ver al vendedor de la panadería de al lado que tantas veces te ha servido y te ha sonreido, nunca eres consciente de cuando vas a dejar de ver a ese compañero de clase.

Y eso me duele, pero me duele aun más cuando, por una causa muy puntual y concreta, eres consciente de la última vez que, por ejemplo, vas a estar en una casa en la que has pasado momentos extraordinarios, la última vez que vas a ver a un familiar porque sabes que le ha llegado su hora, o ese amigo que sabes que se va y que nunca volverá. Esos momentos no quieres que nunca terminen, pero, lamentáblemente, finalizan, y ya nunca volverás a vivirlos. Y los recordarás siempre. Con más o menos melancolía y con más o menos sentimiento, pero los recordarás y te acompañarán siempre.

Es por ello por lo que, aunque suene a tópico, hago un llamamiento a todos los lectores para que viváis inténsamente cada uno de los momentos que os agrada vivir, por pequeños que sean.

El hecho de darle dos besos a tu tía que tanto cariño te ha dado, el hecho de darle los buenos días a tu familia por la mañana, el hecho de ver esa sonrisa del vecino todos los días, el hecho de abrazar a tu mascota, llegará un día que no se repetirán, y nunca sabrás cuando será la última vez.

Así que, y finalizo, cada vez que os despidáis de alguién que queréis, aunque sea obvio que os váis a volver a ver, despediros de la mejor manera, pues es posible que por un calentón os despidáis enfadados y por un hecho trágico, nunca volváis a veros. Tener un buen recuerdo de la última vez.

jueves, 19 de noviembre de 2009

...el espeluznante caso del hombre que sabía mandar

Situémonos temporalmente en la antigua Arabia. Según unos pergaminos, rescatados de la vetusta biblioteca de Alejandreta por el doctor británico Sir Arthur McAndrew, existía por aquella época, un hombre llamado Al Nouzha, que fue un famoso jeque que estaba al mando de una extensa tierra.

Cuenta el pergamino que Al Nouzha sabía mandar, no era cruel con sus lacayos, no se quedaba con todo el dinero de sus súbditos sino que lo destinaba a mejorar todo lo relacionado con su tierra, no tenía casos de corrupción, no gritaba nunca a sus más directos sirvientes, siempre era amable, y aunque algo hubiese salido mal sin ser su culpa, se hacía responsable directo y con eficiencia y saber estar, lo arreglaba. Si algún poblado extranjero le quería conquistar sus tierras, él se personaba diréctamente en el palacio del lider de dicho poblado, y con suma labia le aconsejaba que no era buena idea ni para él ni para sus súbditos, pues moriría mucha gente inocente y se quedaría debilitado su ejército, y si otro poblado les quisiese atacar no tendrían con qué defenderse.

Nunca tuvo problemas, nunca se habló mal de él. Según el registro de personas que saben mandar, que se encuentra en Washington actualmente, es el único inscrito en toda la historia de la humanidad. No deja de ser espeluznante este misterioso y extraño caso. Lógicamente este personaje ya no vive, porque murió a los 34 años de una luxación en el dedo índice de la mano derecha (es que estaba muy debilucho porque no se alimentaba muy bien).

Hoy en día todos los líderes de alguna cosa, por pequeña que sea, siempre hacen algo que no es digno de un líder. Corrupción, guerras, engaños, extorsión, malversación, maltrato psicológico, entre otras cosas, son el día a día en esta sociedad. Hasta yo miré mal una vez a un súbdito mío por tirarme aceite hirviendo, sin querer, a los ojos mientras yo estaba siendo operado de miopía por un cíclope tuerto.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

...el extraño caso de la baldosa que fue fregada sin enterarme

Estaba yo que te estaba en un lugar llamado "casa de amigo". Aquel lugar era la nueva morada de un amigo, y yo nunca había estado. Ese amigo ya llevaba habitando aquel lugar un tiempo él sólo, y me invitó a pasar un fin de semana.

La casa estaba muy bien pero algo me sorprendió y me causó un gran revuelo pues, no estaba preparado para ello. Había una baldosa ligeramente sucia en el suelo del pasillo. Era misteriosa, ya que era diferente a todas las demás baldosas, porque estaba sucia y las demás no. ¿Qué abominable acontecimiento debió pasar para que esa baldosa tuviese ese aspecto? ¿Por qué esa baldosa y no otra? Algo en mi cuerpo me hacía pensar que esa baldosa era misteriosa y que no era de fiar. Me mantuve durante todo el primer día evitando pisarla, pero cada vez que pasaba a su lado la miraba muy de cerca, me tumbaba mirándola y la inspeccionaba. Ahí estaba, sucia, inmóvil, como si no fuese con ella la cosa.

Durante todo el primer día estuve preguntándome miles de cosas sobre esa baldosa. La miré centenares de veces, y seguía siempre igual. Me escamaba, ¿por qué seguía sucia?, ¿por qué las demás seguían limpias? Esa baldosa me provocaba escalofrios que sólo me habían provocado anteriormente una vez, cuando ví de cerca a Carod Rovira en Roma.

Tras pasar el primer día sin poder explicarme ninguna cuestión que se me planteba sobre la baldosa, me acosté. Tenía mucho sueño. A media noche me desperté para ir al baño, encendí la luz de la estancia de aquella baldosa, y ahí seguía, sucia. Si algo da más miedo que una baldosa ligeramente sucia, es una baldosa ligeramente sucia vista por la noche. Tras volver a la cama, no podía dormirme, no me podía quitar la imágen de esa baldosa. Tuve pesadillas con ella durante toda la noche.

Al día siguiente me desperté muy tarde pues necesitaba descansar. Fui a pasar por la baldosa, y ¿cuál fue mi sorpresa? ¡que ya estaba limpia! No me lo explicaba. ¿Quién podía haber sido? En esa casa sólo estábamos dos personas y yo no fuí. No dejaba de provocarme extrañas sensaciones. No sabía el motivo por el cual se ensució, y tampoco sabía el motivo por el cual se limpió. No sé si me daba más miedo sucia o limpia. Ahora era igual a las demás baldosas y no sabía distinguirla. Podría atacarme en cualquier momento y no lo podría preveer.

Fui a decirle a mi amigo que me iba de su casa porque no podía aguantar más a esa baldosa. Le expliqué todo, paso a paso, y él me dejó ir.

Días más tarde me ingresaron en un manicomio, pero nunca entenderé por qué.

viernes, 13 de noviembre de 2009

...mi vecino del pueblo (IV)

Tras los hechos relatados en la primera, segunda y tercera parte, seguiré narrando lo sucedido.

Entré en aquella habitación del segundo piso sin hacer ruido, la iluminé con la linterna, rincón por rincón, centímetro a centímetro y no había nada. Debí darme cuenta de eso. Los policías la habían inspeccionado minutos antes. Pero... entonces... ¿la anciana a qué entró a esa habitación? Todo en mí era un mar de dudas e incógnitas. Desesperado por no saber como resolver el misterio y por lo sucedido en esa casa, me senté en el suelo apoyado en una pared de la habitación, pensando qué podía hacer para resolverlo y que los policías no me detectasen.

Transcurrieron unos minutos en los que yo, inmóvil, seguía pensando, y no se oía venir a los refuerzos de los policías. Hasta que, de repente, en el piso de abajo, se empezó a escuchar una preciosa melodía tocada en piano. Pero cuando yo inspeccioné minuciosamente ese piso no ví ningún piano. Me asomé por el hueco de las escaleras, y veía el cuerpo inerte de la señora Adela, pero el policía que la custodiaba ya no estaba, además, ví pasar corriendo hacia el sonido del piano a los otros dos policías que esperaban en la puerta de la casa a sus refuerzos. Los dos policías llevaban su arma desenfundada.

¿Qué podía hacer yo? ¿Bajar a investigar para ver si podía resolver el caso junto con los policías y decirles que entré en en la casa en ese mismo instante por curiosidad? ¿Aprovechar que no había nadie vigilando e irme de la casa sin hacer ruido? ¿Seguir inspeccionando la casa, lejos de los policías, en busca de algo que se me escapase a simple vista para resolver lo que estaba sucediendo en esa maldita casa?

Mientras la melodía del piano se seguía escuchando, decidí inspeccionar minuciosamente, yo sólo, el segundo piso, tal y como hice con el primero, pero ¿serviría de algo? El primero lo inspeccioné de manera perfecta y no ví ningún piano, ni siquiera a la anciana. ¿Se me escaparía algo del segundo piso?

De repente escuché varios disparos de pistola que procedían del piso de abajo. El sonido de piano se dejó de escuchar. Los policías habían encontrado algo. Me volví a asomar al hueco de la escalera. Ví correr angustiado de miedo a un policía evitando pisar el cuerpo de la señora Adela que ahí seguía. ¿Qué pasó? ¿Mi vida corría peligro en esa casa? ¿Dónde estaban los otros dos policías? ¿Que tenía que hacer yo en esa situación?

Estaba claro que toda la casa tenía algo que esconder, cada rincón de esa casa era un misterio. Me armé de valor y de forma sigilosa y sin utilizar la linterna, únicamente viendo con la luz de las farolas de la calle que entraba a través de las ventanas, bajé al primer piso a ver qué había pasado.

La puerta de la calle estaba abierta porque así la debió dejar el policía que huyó. Me fijé en el cuerpo inerte de la señora Adela. Su rostro reflejaba terror, pero no ví ninguna señal de violencia. ¿De qué murió? Seguí avanzando hacia donde me pareció escuchar el piano y ahí estaban los dos cuerpos inertes de los policías. Misma expresión que el cuerpo de la señora Adela, y sin ninguna evidencia de violencia. ¿De qué podían haber muerto? ¿Por qué yo no tenía la misma suerte que ellos? ¿Qué pasó para que el tercer policía pudiese escapar?

Volvíó a sonar la melodía del piano. Sonaba justo a mi lado. Iluminé la zona con mi linterna y no veía nada. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué vieron los policias? La situación era angustiosa. De repente, todas las ventanas que dejaban entrar la luz de las farolas de la calle se cerraron sin hacer ningún ruido. Iluminaba las ventanas y no veía a nadie que las estuviese cerrando. La puerta de la calle también se cerró y tampoco había nadie. El piano dejó de sonar. Y por incomprensible que parezca, mi linterna dejó de funcionar. Saqué el bate de mi mochila otra vez, aun sabiendo que la anterior vez que lo utilicé no sirvió de nada, aun sabiendo que las pistolas de los policías de nada sirvieron, pero quería sentirme más seguro, era como un placebo.

La misma luz de velas que portaba la anciana volvió a hacer acto de presencia, pero esta vez bajando por las escaleras. Yo me quedé inmovil a la espera de lo que pudiera acontecer.

La anciana, levitando, se acercó a mí. Me atravesó el cuerpo y siguió su camino como si nada se hubiese interpuesto. Atravesó una pared y allí sólo me quedé. Sin ver nada, con el bate en mano. La pared que atravesó no daba a la calle, tampoco daba a una estancia que hubiese inspeccionado, y había inspeccionadominuciosamente todo el piso. No me lo pensé e inconsciéntemente con el bate fui a romper la pared. Algo se debía esconder tras aquel tabique. Bajo mi sorpresa la pared empezaba a ceder y se veía la luz de las velas de la anciana.

Seguí haciendo hueco en la pared hasta que pudiese caber mi cuerpo. Entré en la estancia y...

sábado, 7 de noviembre de 2009

...SuperCote

Ha llegado el día de presentaros a SuperCote. Se trata de un personaje real de la vida real que vuela de forma real y salva vidas reales, pero no se habla con la realeza por un caso que obviaremos.

SuperCote siempra va volando en busca de almas en peligro. En el momento que ve a una persona o político en una situación de riesgo, SuperCote baja de los aires y le rescata.

Entre sus superpoderes se encuentra el poder de volar, poder de dejarse crecer pelo por la cara, poder mear de pie y poder convertirse en Cote cuando escribe un blog. Se rumorea que Cote es una evolución mejorada de SuperCote y que sólo SuperCote puede hacer, pero sólo durante breves instantes de tiempo. Una vez acabada la entrada de su blog, el superpoder utilizado para convertirse en Cote se agota y vuelve a su estado normal, SuperCote.

Si algún día estáis en peligro no dudéis en llamarle, que él sí que os hará caso, os tratará de forma educada, os ayudará y no cambiará de teléfono sin avisar a nadie, no como el Ministerio de Vivienda, sección de Renta Básica para la Emancipación.

Aquí vemos a SuperCote volando por las alturas captado de forma perfecta en un dibujo realizado por Bagarator en el año 2006.