viernes, 13 de noviembre de 2009

...mi vecino del pueblo (IV)

Tras los hechos relatados en la primera, segunda y tercera parte, seguiré narrando lo sucedido.

Entré en aquella habitación del segundo piso sin hacer ruido, la iluminé con la linterna, rincón por rincón, centímetro a centímetro y no había nada. Debí darme cuenta de eso. Los policías la habían inspeccionado minutos antes. Pero... entonces... ¿la anciana a qué entró a esa habitación? Todo en mí era un mar de dudas e incógnitas. Desesperado por no saber como resolver el misterio y por lo sucedido en esa casa, me senté en el suelo apoyado en una pared de la habitación, pensando qué podía hacer para resolverlo y que los policías no me detectasen.

Transcurrieron unos minutos en los que yo, inmóvil, seguía pensando, y no se oía venir a los refuerzos de los policías. Hasta que, de repente, en el piso de abajo, se empezó a escuchar una preciosa melodía tocada en piano. Pero cuando yo inspeccioné minuciosamente ese piso no ví ningún piano. Me asomé por el hueco de las escaleras, y veía el cuerpo inerte de la señora Adela, pero el policía que la custodiaba ya no estaba, además, ví pasar corriendo hacia el sonido del piano a los otros dos policías que esperaban en la puerta de la casa a sus refuerzos. Los dos policías llevaban su arma desenfundada.

¿Qué podía hacer yo? ¿Bajar a investigar para ver si podía resolver el caso junto con los policías y decirles que entré en en la casa en ese mismo instante por curiosidad? ¿Aprovechar que no había nadie vigilando e irme de la casa sin hacer ruido? ¿Seguir inspeccionando la casa, lejos de los policías, en busca de algo que se me escapase a simple vista para resolver lo que estaba sucediendo en esa maldita casa?

Mientras la melodía del piano se seguía escuchando, decidí inspeccionar minuciosamente, yo sólo, el segundo piso, tal y como hice con el primero, pero ¿serviría de algo? El primero lo inspeccioné de manera perfecta y no ví ningún piano, ni siquiera a la anciana. ¿Se me escaparía algo del segundo piso?

De repente escuché varios disparos de pistola que procedían del piso de abajo. El sonido de piano se dejó de escuchar. Los policías habían encontrado algo. Me volví a asomar al hueco de la escalera. Ví correr angustiado de miedo a un policía evitando pisar el cuerpo de la señora Adela que ahí seguía. ¿Qué pasó? ¿Mi vida corría peligro en esa casa? ¿Dónde estaban los otros dos policías? ¿Que tenía que hacer yo en esa situación?

Estaba claro que toda la casa tenía algo que esconder, cada rincón de esa casa era un misterio. Me armé de valor y de forma sigilosa y sin utilizar la linterna, únicamente viendo con la luz de las farolas de la calle que entraba a través de las ventanas, bajé al primer piso a ver qué había pasado.

La puerta de la calle estaba abierta porque así la debió dejar el policía que huyó. Me fijé en el cuerpo inerte de la señora Adela. Su rostro reflejaba terror, pero no ví ninguna señal de violencia. ¿De qué murió? Seguí avanzando hacia donde me pareció escuchar el piano y ahí estaban los dos cuerpos inertes de los policías. Misma expresión que el cuerpo de la señora Adela, y sin ninguna evidencia de violencia. ¿De qué podían haber muerto? ¿Por qué yo no tenía la misma suerte que ellos? ¿Qué pasó para que el tercer policía pudiese escapar?

Volvíó a sonar la melodía del piano. Sonaba justo a mi lado. Iluminé la zona con mi linterna y no veía nada. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué vieron los policias? La situación era angustiosa. De repente, todas las ventanas que dejaban entrar la luz de las farolas de la calle se cerraron sin hacer ningún ruido. Iluminaba las ventanas y no veía a nadie que las estuviese cerrando. La puerta de la calle también se cerró y tampoco había nadie. El piano dejó de sonar. Y por incomprensible que parezca, mi linterna dejó de funcionar. Saqué el bate de mi mochila otra vez, aun sabiendo que la anterior vez que lo utilicé no sirvió de nada, aun sabiendo que las pistolas de los policías de nada sirvieron, pero quería sentirme más seguro, era como un placebo.

La misma luz de velas que portaba la anciana volvió a hacer acto de presencia, pero esta vez bajando por las escaleras. Yo me quedé inmovil a la espera de lo que pudiera acontecer.

La anciana, levitando, se acercó a mí. Me atravesó el cuerpo y siguió su camino como si nada se hubiese interpuesto. Atravesó una pared y allí sólo me quedé. Sin ver nada, con el bate en mano. La pared que atravesó no daba a la calle, tampoco daba a una estancia que hubiese inspeccionado, y había inspeccionadominuciosamente todo el piso. No me lo pensé e inconsciéntemente con el bate fui a romper la pared. Algo se debía esconder tras aquel tabique. Bajo mi sorpresa la pared empezaba a ceder y se veía la luz de las velas de la anciana.

Seguí haciendo hueco en la pared hasta que pudiese caber mi cuerpo. Entré en la estancia y...

3 comentarios:

Menda. dijo...

Desde luego, Cote, Hitchcok a tu lado, un aprendiz. Lo que más me molesta( bueno, y me agrada, porque me hace constar que habrá otra parte)es el 'y' del final.
¿Sabe usted que escribe y describe muy bien, señorito?.

S. dijo...

me has dejado a la mitad,eso no se le hace a una señorita jajajajaj
Está hecho usted un artista.

Tani dijo...

Já! todo un maestro del género de suspenso y ciencia ficción, va la V parte...