jueves, 31 de diciembre de 2009

...mi vecino del pueblo (V)

Tras la primera, segunda, tercera y cuarta parte, sigo contando los hechos dantescos que ocurrieron aquella noche.

Terminé de hacer un hueco en la pared para que mi cuerpo pudiese caber, y entré en esa estancia oculta con un falso tabique. Allí se encontraba la anciana portando las velas. Pero también se encontraban la chica del camisón y el anciano que hasta ahora no había visto. Ellos giraron la cabeza para verme, y sin decirme nada, me invitaron a sentarme sobre un taburete. Era como si me estuviesen esperando.

La habitación en la que me encontraba no tenía ventanas, sólo estaba iluminada por las velas de la anciana. Había dos sillas sin ocupar. Ellos tres estaban de pie. Al fondo se veía una cortina que parecía tapar una cama.

Los tres espectros parecían tristes. Y allí estuve sentado el tiempo que, a mi parecer, debieron tardar para rezar algo en silencio. Una vez terminaron, se dirigió hacia mi el anciano, mi vecino que siempre me ha saludado tras la ventana y me desveló el secreto que esa casa guardaba.

Cuento tal y como me lo contó mi vecino.

"

Hola pequeño vecino, ardes en deseos de saber qué ocurre aquí. Únicamente te lo podemos contar a tí, porque tú eres el único joven de este pueblo. Tus padres nos alegraron la vida cuando decidieron tenerte. Ya sabes que en el pueblo no hay más jóvenes. Te voy a contar lo que ha ocurrido durante estos años.

Mi mujer y yo tuvimos una hija. Se llamaba Elisenda. Hubiese sido una buena hija si no fuese porque tenía una personalidad bipolar. Era dulce y cariñosa, pero a veces era cruel y violenta y no sólo con nosotros. A veces mi mujer y yo hemos pensado que se comportaba así porque no habíamos sabido educarla corréctamente. La situación llegó a hacerse insostenible, tanto mi mujer como yo no podíamos aguantar su violencia, y buscamos ayuda profesional. Pero nadie admitía en su terapia a nuestra hija. Lejos de ser felices en la ciudad donde vivíamos, donde eramos tachados de seguidores de Satanás por tener una hija poseída, decidimos hacer una cosa atroz. Irnos de la ciudad donde todo el mundo nos conocía e ir a vivir a la casa del pueblo que tenía mi ya difunto padre. Una vez allí, decidimos llevar a cabo nuestro plan.

Una noche cogimos a nuestra hija durmiendo, le pusimos cloroformo, y la llevamos a esta estancia en la que estás que había estado construyendo yo días atrás. En esta estancia pusimos una cama y unas cadenas para atar a nuestra hija. La encadenamos a la pared tumbada en la cama, la amordazamos, la emparedamos y dejamos que se muriese con el paso del tiempo. Cerré la estancia y mi mujer y yo decidimos no hablar del tema nunca. Estuvimos viviendo tranquilos en el pueblo, nadie sabía nada, nadie sabía de nuestra hija porque nunca la sacamos a la luz. Con la conciencia sucia, pero el cuerpo tranquilo, estuvimos en paz hasta el fin de nuestros días, dos años más tarde.

Mi mujer y yo descubrimos que estábamos muertos cuando vimos con nuestros propios ojos nuestros cuerpos inertes en la cama de nuestra habitación, en el tercer piso. Poco a poco fuimos descubriendo que podíamos hacer cosas que de vivos no podíamos. Atravesar paredes, levitar... Y en un momento de valentía, decidimos atravesar el tabique que yo construí y ver a nuestra hija. Bajo nuestra sorpresa, vimos que ahí estaba el espectro de nuestra hija junto con su cuerpo inerte y podrido en la cama. No nos guardaba rencor. Ella tenía como principio, que nosotros eramos los que le dimos la vida, y eramos quienes podíamos quitársela.

Entendimos que éramos una familia un tanto especial, e hicimos vida normal dentro de nuestra casa, siendo conscientes de que éramos fantasmas porque nos quedaba una tarea pendiente que hacer en este mundo. Y un día vimos a tus padres con un bebé. Ése eras tú. El único niño del pueblo. La única persona a la que enseñar y tratar como a un hijo. Nuestra tarea pendiente.

Y año tras año, sentado en mi butaca mirando hacia la calle, te observaba crecer, y veía que estabas bien educado, y lo que más me agradaba, era que, aunque fueses inconsciente, yo estando muerto, te saludase, y tú me lo devolvieses. A mi mujer le hacía ilusión saber de tí.

El día que me negaste el saludo, supe que era el momento de hacer mi tarea pendiente, enseñarte una cosa que debías llevar en mente toda la vida, ¿lo recuerdas?

-Siempre se ha de saludar cuando un anciano te saluda. Son la sabiduría y la experiencia en persona, se les ha de tener un respeto.-

No entendí porque tras esa acción, mi mujer y yo no descansamos en paz para siempre. Aun seguimos vagando en pena por nuestra casa. A la espera de averigüar qué hacer para descansar para siempre en paz.

Esta noche querías descubrir el secreto que se guarda en esta casa. De acuerdo. Levántate, corre la cortina y lo descubrirás.

"

Tras esas estremecedoras palabras, tardé un poco en reaccionar, y con el cuerpo en continuo escalofrío del miedo que estaba pasando, me levanté, corrí la cortina y...

3 comentarios:

Menda. dijo...

Joer, otra vez a medias(odio esta frase, ajajjaaj). Mmmmm, Cote,no nos dejes así, maloso. Ea, feliz año.

Tani dijo...

Ayyyy, por fin se lo que ha sentido Menda cuando entrega tras entrega finalizas con un y...
Vaya, espero que mañana mismo traigas la continuación porque si no son los espectros, nosotras no te dejaremos en paz.
Bien hecho Cote, me he llevado una grata sorpresa con estos relatos

S. dijo...

Qué manía con dejarnos a medias...acaba de una vez joio