sábado, 30 de enero de 2010

...mi vecino del pueblo (VI)

Cinco entradas he escrito anteriormente sobre este tema, y ya, hoy, finalizo de contar lo que, a mi juicio, ha sido lo más terrible de vivir. Nunca había pasado tanto miedo. Si alguien desea leer lo que viene a continuación, que lea las anteriores entradas. Primera. Segunda. Tercera. Cuarta. Quinta. Pero advierto, no es apto para personas sensibles.

Y ahí estaban. Los restos del cuerpo de aquella chica atados con grilletes a la pared. Las velas que portaba la anciana parecían suficientes para ver con claridad la dantesca escena.

Tardé unos segundos en reaccionar y no sabía qué hacer. Dar parte de lo sucedido a cualquiera parecería increible, y no quería que nadie pensase que era el responsable de la muerte de la señora Adela y de los dos policías. ¿Qué podía hacer?

Resignado salí de la estancia a pensar junto con los cadáveres.

Pero sin apenas tiempo de haber pensado nada, la chica del camisón me volvió a atacar directo al cuello con sus fuertes brazos. No tenía con qué defenderme, otra vez estaba a la merced de aquel espectro. Esta vez sí, no había escapatoria.

Poco a poco iba perdiendo la visibilidad, y de forma nublosa veía cómo se acercaban léntamente sus difuntos padres a detenerla. Bajo mi sorpresa, sin ninguna acción violenta, la detuvieron.

La cogieron de la mano y en vez de recriminarle nada, como siempre habían hecho, le indicaron con lágrimas en los ojos que entendían que no era fácil para ella controlar sus impulsos, y que ese tipo de actitud tan endiabládamente maligna no era su culpa, y que le quitaban todo tipo de responsabilidad de los malos momentos que les había hecho pasar. Sólo el amor que pueden sentir unos padres resignados por el odio inconsciente que puede tener un hijo, puede entender tal aberración.

Recuperándome todavía de aquella acción que por poco me cuesta la vida, vi como no le gritaron, no le dieron una bofetada, como le pidieron disculpas por no haber entendido nunca a su hija, por haber hecho lo que le hicieron. El anciando de una mano, y la anciana de otra, se arrodillaron ante ella y le pidieron perdón, pues ellos eran los culpables de no haber sabido manejar el odio de su hija.

De forma sorprendente los fantasmales cuerpos de los ancianos fueron desvaneciéndose, evaporándose como si nada, pues, habían cumplido la misión que les quedaba pendiente en este mundo... intentar entender el qué puede llevar a un hijo a realizar actos diabólicos. El no haber sabido educar desde un principio a un hijo.

Mi calma aumentó pero... la hija, la chica espectral que me había intentando estrangular dos veces aun seguía en este mundo. ¿Qué cuenta pendiente le quedaba a ella?

Sin decir nada, se fue hacia la cama donde permanecían sus restos esqueléticos, se tumbó de la misma manera en la que debió morir y allí permaneció durante largos minutos hasta desaparecer.

Conseguir la paz interna era su cuenta pendiente. Ella nunca hacía el mal de forma consciente, y cuando recuperaba la conciencia no se daba cuenta del mal que había hecho, hasta que veía a sus padres llorar y lamentarse. Por ello nunca conseguía tener la mente limpia. El hecho de que sus padres desapareciesen de este mundo, le evitaba apenarse por sus gestos violentos y ello le daba la paz interna.

De forma sigilosa me fuí de la casa fantasmal. Las 6 de la mañana eran cuando llegué a mi casa. Aún no habían llegado mis padres.

Al día siguiente nos fuimos del pueblo sin yo haber dado ningun aviso de lo ocurrido.

El caso de las muertes de la señora Adela y de los dos policías se ha cerrado por falta de pruebas. A mí, al igual que a todos los vecinos del pueblo, me llamaron para testificar, pero no les puede aclarar nada.

Los cuerpos inertes fueron retirados de aquella casa. Pero... ¿estarán sus espíritus?

Al año que viene volveré al pueblo y volveré a la casa encantada.

3 comentarios:

Tani dijo...

Te juro que ayer esta pensando en venir a reclamarte para saber sobre el vecino.

Bueno, el final me ha gustado, suave, amarrando cabos y lo mejor, la esperanza de una siguiente entrega, junto con la promesa de regresar el próximo año.

Perfecto, cielo, me ha encantado

Te dejo muchos besitos terroríficos

Muaaacks

El Peregrino dijo...

Por azar llego a tu blog y me escuentro con este que, a mi juicio, parece un palimpsesto maravilloso del Satanás de Mario Mendoza.
Enhorabuena.
Saludos desde Bogotá.

S. dijo...

Pues yo no volvía ni muerta!