martes, 16 de marzo de 2010

...dicen que estoy loco

Dicen que estoy loco, pero yo solo dije la verdad y eso es de personas cuerdas. Esto fue lo que les dije.

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Portaba mi hacha, como siempre, hacia el destino que esta vez había elegido. Recorrí todo el barrio de hermosos chalets a altas horas de la madrugada hasta llegar al lugar indicado.

Abrí la puerta de madera a hachazos, sonaban todas las alarmas pero no me importaba. Yo solo tenía un objetivo y no me importaban las consecuencias, como otras tantas veces que había salido vencedor sin problema alguno.

Acudí hasta la habitación de mi séptima víctima, perféctamente orientado ya que había estado allí el día anterior.

Abrí la puerta y aunque la víctima parecía ya preparada no supo parar mi hachazo a su boca. Se la rajé por la mitad, al igual que toda su cara de un solo golpe de hacha. Ya en el suelo le asesté decenas de hachazos, cortándole el cuello, sesgándole los miembros, sacándole todos los intestinos y tripas afuera.

Estaba eufórico realizando esa acción.

Después de dejar los múltiples trozos de mi víctima esparcidos por toda la habitación me fui saltando las verjas, y ningún policía que ya empezaba a llegar me pudo detener en mi huida.

Siete víctimas tengo en mi haber, siete personas muertas a hachazos de forma cruel y con sangre fría. Y me gusta. Me gusta ver que no se pueden defender mientras les corto a trozos, su sangre me salpica, sus tripas sobresalen por sus agujeros en el cuerpo.

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Ahora estoy en un hospital psiquiátrico pero no entiendo por qué, si sólo les he dicho la verdad. Creo que es de personas normales decir la verdad, sin titubeos, sin pausas, con perfectos detalles de mis macabros asesinatos.

Pero es que ellos no creen que haya asesinado a nadie. Y para hacérmelo ver me traen como visita a mis víctimas de una sóla pieza y vivas, las víctimas que yo ví como despedazaba con mi hacha. Y me saludan, me hablan y me dicen que alguna vez me han visto por el barrio pero nada más.

Quizá nunca debí contarle lo que yo pensaba que estaba haciendo a mi siguiente víctima, mi hijo de 19 años. Le decía con todo detalle lo que yo hacía, que cortaba cuellos, que mataba sin dudas, que despedazaba a mis víctimas con saña. Al principio, él tenía miedo, pero cuando vió que mis víctimas estaban vivas y que no habían sufrido lo que yo aseguraba, vio que yo tenía una curiosa perspectiva de la realidad. Que imaginaba cosas que necesitaban la supervisión de un experto.

Estoy en este hospital por su culpa y me están medicando para que pueda ver la realidad tal y como es. Y me estoy curando. Y podré ver la realidad de forma verídica y fiel. Y podré matar a mi hijo de una forma tan real y tan cruel que no tendrá nada que ver con mi imaginación en los asesinatos anteriores.

Le enviaré los ojos de mi hijo a los malditos médicos que tantos fármacos me están dando, para que vean que me han curado y que ya veo la realidad tal y como es y que ya no imagino cosas. Ahora los asesinatos los haré realmente.

2 comentarios:

S. dijo...

Joder.
Me has dejado sin palabras,cruel Cote.

Tani dijo...

Genial, oscuro, sádico, enfermo! Que pedazo de texto nos has regalado hoy.

Yo a pesar de ser muy tierna y amorosa tengo un gusto muy especial por lo oscuro, y los serial killers son mi debilidad.
Estupendo relato corto, mi cielo, te felicito.

Besillos para ti, Cotesito