lunes, 26 de julio de 2010

...el cassette maldito

Era una tarde de verano cuando nos juntamos dos amigos y yo en edad adolescente en casa de uno de ellos. Inocéntemente nos disponíamos a jugar al monopoly cuando me ofrecieron la oportunidad de poner la música que traía yo en un cassette. Por aquel entonces no existían ni los cd´s, así que imaginaros si alguien decía mp3...le tachábamos de hereje.

Era un cassette que ya había escuchado en otras especiales ocasiones. Le tenía un extraordinario respeto. Le dí el cassette a la dueña del piso y se dispuso a pulsar el "play", mientras de manera inocente, mi otro amigo y yo repartíamos los billetes del juego.

Se empezaba a escuchar la música y nosotros empezábamos a jugar. Todo iba sobre ruedas porque nos los estábamos pasando genial, además, yo iba ganando. Pero de repente... un ruido ensordecedor y satánico se empezó a escuchar del cassette.

El radio-cassette estaba "tragándose" la cinta y fui raudo y veloz a rescatarla.

Paré la radio e intenté sacar la cinta. Se había salido casi toda y estaba por la radio esparcida. Tras largos y duros momentos, conseguí sacar toda la cinta y mientras mis compañeros se reían de mi desgracia, yo hacía la acción de meter toda la cinta en el cassette con el típico movimiento de boli bic sobre las ruedas del cassette. Parecía funcionar.

En el monopoly seguía jugando cuando me tocaba pero mi ventaja sobre los demás se iba mermando mientras arreglaba la cinta.

Casi la tenía toda enrrollada pero una fatal desgracia hizo que se me callese, se abriese el plástico del cassette y toda la cinta callese desenrollándose por completo. Risas y aplausos por parte de mis amigos acontecían esa fatal desgracia de mi cinta. Yo a esa cinta la tenía mucho cariño, y aunque me lo tomé como putada graciosa, no dejaba de ser una putada.

El juego continuaba cuando logré recoger toda la cinta, y me dispuse a enrrollarla antes de ponerle los plásticos que dan forma al cassette, para poder ponerla por completo en su soporte y colocar los tornillos.

Cada vez iba peor en el monopoly, incluso dejé de ir primero, pero logré enrrollar toda la cinta y me disponía a colocarla en el cassette. Era feliz pero...una fatal coincidencia de estupidez mía y estupidez de mis manos, hizo que se me callese toda la cinta desenrollándose por tercera vez.

Risas, carcajadas, más risas de mis amigos e impotencia por mi parte. Una sensación de odio y ardor de estómago se imponía en mí. Y una reacción de troglodita anticuado y bárbaro me hizo estallar en cólera y saltar sobre la puta cinta y su maldito soporte. Rompí todo el cassette y la cinta se rompió en pedacitos pequeños siendo inútil cualquier intento de reproducción.

Mis amigos se reían y yo... yo también. Por no llorar.

Era mi cinta preferida. La perdí para siempre.

Y perdí en el monopoly!!!! Nunca antes había perdido. Era el vigente campeón! Una sensación de "mecagüenlaputaostismo" inundaba mi cuerpo.

Me puse a saltar a la comba con el trozo de cinta más largo que quedaba, para hacer más absurda si cabe la situación. Mis amigos no paraban de reirse de mi desgracia, pero yo hice lo posible porque esas risas no decayesen. Soy un buen perdedor.

Un buen perdedor de mis tesoros musicales más amados.

Adios cinta mía. Adios. Nunca te pedí perdón por lo que te hice, y esta entrada va en tu honor. Tanto tiempo me costó grabarte con las canciones que más me gustaban.

....

Puta cinta de los cojones que me hizo perder una partida al monopoly.

2 comentarios:

Darthpitufina dijo...

Vaya por Dios, qué tragedia! :D

Esas cintas de cassette del epipaleolítico, devoradas por la tecnología actual...
Por curiosidad,
¿Volviste a ser campeón de Monopoly tras el incidente cassetero?

Una sonrisa!

Tani dijo...

Y cuales eran esos tesoros musicales?
Besos, ya te voto en la Blogoteca, eh!

Muaack