miércoles, 22 de septiembre de 2010

...herida de terror de tercer grado

Ayer fui a casa de un amigo que tengo desde hace años. Es un amigo que cuando lo conocí lo consideraba como normal, pero de un tiempo a esta parte su excentricidad ha ido aumentando hasta límites insospechables.

Ayer fui a casa de ese amigo porque me llamó preocupado. Nunca antes me había hablado con esa voz nadie. Parecía angustiado. A esa casa únicamente entré hace 4 años y era una casa muy bien decorada y limpia.

Ayer fui a casa de ese amigo y ví lo que él vio. Y temo que me vuelva igual de loco como él se ha ido volviendo con el paso del tiempo. Porque lo que yo ví ayer, él lo lleva viendo durante varios meses.

No le agradezco para nada que confiase en mí para enseñarme lo que iba a acontecer ayer a las 22:35 de la noche en el interior de su casa. Él dice que todos los días lo tiene que sufrir, yo digo que eso es humanamente imposible de revivir.

Me llamó a las 21:00, y yo estaba cenando. Me dijo con una voz aterrada si le podía hacer el favor de ir a su casa. Ya sabe que vamos diciendo por ahí que algo le pasa y que últimamente está como ido, con la mirada perdida, que está loco.

Lo que él quería era que sus todavía amigos fuésemos y viésemos lo que ocurría día tras día en su casa. Él comprendía que le tratásemos de loco. Él quiere que ahora le comprendamos y yo ahora le comprendo.

Me planté en la puerta de su casa a las 21:57, al igual que mis amigos que llevaban esperando varios minutos. Decían que habían tocado a la puerta pero que nadie respondía, y veían que había luz en las ventanas pero no se veía nada a través de ellas.

Si nos llamó para ir inmediatamente a su casa, ¿por qué cuando llegamos no nos abría? A las 22:00 nos abrió la puerta a los 5 amigos que allí estábamos con mirada aterrada, diciendo con voz acongojada "entrad, amigos, entrad, va a ocurrir otra vez".

Entramos y lo que hace años era una casa en la que se podía habitar de una manera digna, se había convertido en un lugar inhóspito, dantesco. Todo estaba roto, caído, sucio, lleno de insectos, moho y demás elementos insalubres.

"A las 22:35 en la habitación que tenéis delante, viviréis la peor experiencia de vuestras vidas, yo la llevo viviendo durante meses todos los días, y cuando salgo de casa me tacháis de loco. Muy bien, tachémonos todos de locos despues de esta noche". Nos dijo.

"Os he traido aquí para que veais lo que a mi poco juicio que me queda dicta, es lo que me ha hecho volverme en lo que soy, alguien que ha ido perdiendo la cabeza día tras día, y que no sabe qué es la realidad y qué es imaginación". Continuó.

La habitación estaba cerrada, sin pedir permiso la abrí y ví una habitación impoluta, totalmente diferente al resto de la casa, inmaculada, como si la limpiasen cada segundo. "Paciencia amigo, todo cambiará en pocos segundos, cerrémosla". Me dijo.

22:35. Mi amigo apagó las luces de la casa y empezó a verse por la rendija de la puerta una luz intermitente como si de un foco a punto de fundirse fuese. Allí estábamos, delante de la puerta cerrada de la habitación, ojipláticos mis amigos y yo.

"Es ahora, ahora es cuando ocurre, CUIDADO!" Dijo. Y la puerta se abrió sóla de manera impactante, con un vendaval, dejándonos a la vista lo que acontecía en esa habitación, o ¿debería decir sala... de tortura?

A la luz del foco parpadeante se veían dos siluetas de personas, una sentada en lo que viene a ser un sillón de dentista, y otra de pie. La primera gritaba de un dolor indescriptible e inaguantable y la segunda utilizaba todo tipo de utensilios para torturarlo.

Pequeños charcos de sangre iban formándose en el suelo que provenían de las múltiples heridas del torturado. El que estaba de pie llevaba puestos unos guantes y cogió con sumo cuidado la siguiente herramienta.

Un cuchillo de cocina que utilizó en los ojos de su víctima. Con la punta empezó a deslizarlo de arriba a abajo por el globo ocular diseccionándolo por la mitad. Dos de mis amigos se desmayaron, el dueño de la casa se arrodilló mirandolo todo y pronunciando palabras ininteligibles.

Otros dos y yo seguíamos mirando incrédulos de lo que estaba aconteciendo. La víctima dejó de gritar muriendo del dolor. El torturador prosiguió quitándole la piel a tiras, extirpándole todos y cada uno de los órganos...

Se quitó los guantes, se dirigió hacia nosotros y nos dijo con voz grave "¿habéis disfrutado?". Se apagaron las luces y se cerró la puerta. Nuestro amigo nos dijo que ya se había acabado que podía abrir la puerta sin miedo a ver nada más. No había ningún resto de lo ocurrido.

"Cada día es una persona diferente la que es torturada, mujeres, hombres, ancianos, niños..., todos mueren a manos de esa bestia a las 22:35. Mañana será otra persona la torturada y no sé quién, ni por qué en mi casa ocurre esto". Dijo.

Desperté a los amigos desmayados y nos fuimos. Fue una experiencia horrible. Acabo de llamar a mi amigo dueño de la casa y le he dicho que se venga a dormir a la mía. Me ha dicho que no. Incrédulo le he preguntado que por qué.

"Me he vuelto loco, sí, pero porque cada día que veo a esa macabra persona torturar, me pregunto que por qué disfruto. No me pregunto qué razones habrá para que este fenómeno paranormal ocurra en mi casa. Simplemente disfruto del espectáculo".

¿Qué cojones ocurre en su casa? ¿Qué extraña razón hace que el ser humano disfrute viendo sufrir a los demás de una manera tan despiadada? No sé la respuesta a ninguna pregunta, sólo sé que, escribiendo estas líneas y pensándolo ahora bien me he dado cuenta de que... yo también disfruté.

1 comentario:

S. dijo...

Estamos tan acostumbrados al sufrimiento que ya a más de uno les puede gustar.Hay personas a las que les gusta torturar a los demás y disfrutan con ello.Qué más da que sea colectivo...no hay personas que cometen crímenes todos los días?
Un besito psicópata cote.