viernes, 8 de octubre de 2010

...el negocio

He abierto un negocio reciéntemente y me ha costado mucho dinero y esfuerzo poder crearlo. Pero una vez pasados todos los trámites, aquí estoy, en mi primer negocio. He intentado que sea un tipo de establecimiento de toda la vida, pero tratado con mucho cariño, modernidad y pasión. Viviré por y para este negocio y creo que me irá bien, tanto que he pensado que podré ampliar la oferta que actualmente dispongo. He inundado la ciudad de publicidad, he creado una web para que vean mis productos, y por el momento la cosa va muy bien. Llevo sólo unos días y ya he tenido varios clientes, pero siempre me acordaré de mi primera clienta.

Acababa de abrir y ahí entró. Una chica exhuberante, morena, con camisa blanca, una falda a la altura de las rodillas, unos zapatos de alto tacón, perfumada y maquillada. Muy arreglada pero me gustaba. Se apoyó sobre el mostrador enseñándome su pronunciado escote camisero y me pidió que estaba interesada en lo que yo ofrecía mientras me acariciaba con un dedo mi mejilla. Era mi primera clienta y no sabía hasta que punto era eso normal, pero me comporté como un profesional y la traté como a la mejor sin importar cuales eran sus intenciones.

Le dí toda la información previa necesaria pero la rechazó, era evidente que ella venía con unas muy claras intenciones, y ante semejante belleza yo no pude resistirme. Cerré la puerta del negocio y la llevé a la trastienda, que estaba adecuada para descansar, pues tenía cama, sofá, televisión y alguna que otra bebida espirituosa.

Allí empezó a desabrocharme mi camisa blanca dejando entrever mi depilado y musculado pecho. Ella me dijo que no hiciese nada, que todo era cuestión de lo que ella mandase. Acepté sin ningún tipo de oposición.

Mientras me acariciaba mi pecho con una mano, con la otra seguía descamisándome dejando entrever mis marcadas abdominales. Tras finalizar con el desabroche oportuno, me tumbó en la cama, me quitó los zapatos, los calcetines y empezó a desabrocharme los pantalones.

Yo estaba muy excitado, y ella parecía estar en la misma situación. Tras quitarme complétamente los pantalones, me quitó también mis boxer y empezó a chuparme la polla con sus exhuberantes labios. Lo hacía muy bien, acompañándose con un movimiento de manos subiendo y bajando sobre mi erecto pene.

Yo todavía conservaba la desabrochada camisa, y ella lo conservaba todo. Paró de comerme todo el cuerpo, se quitó los zapatos y sin quitarse la falda se quitó su bonita braguita. Me cógió los dedos de mi mano derecha llevándolos a su más preciado y húmedo tesoro. Nunca había visto tal humedad y eso me excitó todavía más si cabe.

Introdujo mi polla, enfundada previamente, en su coño y empezó a trotar sobre mi apoyando sus manos sobre mi pecho. Que bien lo hacía ella, y parece que yo tampoco lo hacía nada mal. Poco a poco empezó a descamisarse y yo ví su sujetador que hacía juego con su braguita. Se quitó toda la camisa y se desabrochó su sujetador dejándose totalmente desnuda. Tenía unos pechos naturales muy bonitos y muy bien puestos, una 95 copa C diría yo (digamos que me defiendo en estos temas).

Me cogió las manos y me las puso sobre sus pechos mientras seguía cabalgando sobre mí. Que turgentes y suaves tenía los pechos. Se tumbó sobre mí y me susurró que iba a correrse. Yo no sé si era profesional que yo llegase al orgasmo, pero así hice porque me excitó al máximo que ella me susurrase eso. Llegamos al orgasmo a la vez. Ella fue impresionante y sé que yo no estuve nada mal, porque según dijo le hice tener dos orgasmos más en ese momento. No era la primera vez que lograba que una mujer los tuviese.

Se quitó de mi polla, me quitó el condón y le dio un beso a mi pene diciendo que muchas gracias por ese maravilloso polvo. Se tumbó en la cama a mi lado durante media hora y estuvimos intercambiando opiniones.

Después se marchó diciendo que vendría más por aquí y que le haría saber a todo su entorno que este negocio estaba muy bien. Me pagó lo que marcaba mi publicidad. 350 euros por una hora para una chica.

Y es que, mi negocio es ser un chico de compañía, ella requirió mis servicios y yo se los ofrecí encantado. Tras ese día ha venido más veces, sóla o acompañada, con hombres y mujeres, con más de dos y de tres. Y otras personas también se han interesado por mis servicios, viniendo al propio establecimiento, o llamándome para que vaya a su domicilio. En dos semanas he rentabilizado el 15% de mis gastos iniciales y eso está perfecto.

Aunque estoy un poco cansado, hoy también abriré el negocio. Y si todo sigue así, pronto contrataré a más chicos de mi entorno para que ofrezcan lo que yo ofrezco.

Sexo remunerado y sin compromiso. ¿Se puede pedir más? Eso sí, lo hago con mucho cariño.

1 comentario:

Stultifer dijo...

Vivan los chicos de compañía y la compañía de los chicos.